Mañana será el primero de allí.
Dublín. El frío y lluvioso Dublín. La ciudad que se apaga a las cuatro y media de la tarde y sólo se alumbra por los pasos frenéticos de la gente, agitada gente, que busca dónde meterse a resguardo del frío y de la lluvia. O que quiere aprovechar un ratito libre para comprarse las últimas tonterías que han puesto en el Penneys. O que quiere echarse unas risas con sus colegas en un pub cualquiera con Live Music y una pinta de Guinness, de Bulmers o de lo que sea entre las manos.
Dublín. La ciudad que se impregna de olor a Guinness y de olor a ganas de lo que no se tiene. El río Liffey atravesado por sus mil y un puentes. El tan transitado O'Connell Bridge y el antiquísimo Ha'Penny Bridge, antiguamente de peaje.
Dublín. La ciudad que me ha enseñado a conducir por la izquierda y mirar a los dos lados de la calle, just in case. La ciudad que me ha grabado en la retina imágenes grises pero brillantes, de paisajes rutinarios y no tan rutinarios desde el asiento delantero de la planta de arriba de cualquier autobus urbano. El 16A, el 16, el 84 o el 145 son los más culpables de ello.
Dublín. Dónde se habla español a tiempo parcial y cuando lo hablas y te entienden, te sorprendes y te ríes. Normalmente por haber metido la pata.
Dublín, ciudad de extranjeros que quieren vivir, aprender a vivir y aprender a ser más y mejor. Como yo.
Como yo que me llevo esta experiencia guardada en todos y cada uno de los pliegues de mi ropa, mis maletas y mi corazón. Que he aprendido a abrigarme del frío más de la cuenta, a resguardarme de los chaparrones sin tener por qué esconderme en cualquier rincón y a pensar en mí y no sólo en los demás. Y a pensar en los demás y no sólo en mi.
Aquí, dónde la familia se cuenta por compañeros de batallas, con nombres y apellidos, y con destino Alcorcón.
Donde la distancia te enseña lo que los ojos no veían en el día a día.
Donde el quiero y no puedo se convertía en alternativa.
Donde el puedo y no quiero se convertía en extraña norma.
Donde se queda una parte de mi. En la radio. En la abuela. En Logan. En Dublín. Y en Kilkenny, Galway, Donegal y Belfast.
Dónde me siento a contemplar el vacío de mi frío cuarto y donde me asusta volver a Madrid. Que adoro Madrid. Y a su gente. Y a mi gente. Pero Madrid no es Dublín.
Y yo, aunque soy la que era, nunca volveré a ser la que era.
Diré "sorry" en lugar de "disculpe". Soltaré improperios en español cuando no deba y me partirán la cara, seguro. Querré no parar y querré beberme Madrid cada noche y comérmelo a bocados para saborear lo que tiene escondido y que aún no he descubierto.
Pero aún estoy en Dublín. Aún pienso en qué será después y en lo que ya ha sido aquí. En las 84 historias que os he contado - día arriba, día abajo - y en las frases que me guardo como grito de guerra. Los "¡¡Saraaaaa!!", los "Navan road, isn't it?", los "tú es que no has estado en la guerra..." o los "¡copón!". O mejor: los "Jaime ¡copón!". Las conversaciones escatológicas, los viajes de última hora, las compras en el Penneys, las tartas en el "Queen of tarts", los fines de semana de asilo en cualquier casa menos la mía, las charlas con Saray, las risas con Laurita, las sonrisas de bienvenida de Osquitar y las idas de olla de Jaime. Los bailes. Las fotos. Las risas. Los llantos. Las complicidades que nos llevamos y sobre todo, los increíbles recuerdos.
Ésto, señores, no me lo quita nadie. Y que nadie ose arrebatarme este trocito de mi vida que me ha hecho un poquito más grande (sólo un poquito), que mis bocados ahora duelen más. Que lo sepáis.
Gracias a todos, todos todos todos, por leer mis paridas, por reíros conmigo, por acompañarme en la distancia y ayudarme en lo que empezó como terapia personal y acabó casi casi como el Gran Hermano o el Diario de Patricia. No. No es cierto. Que acabó como una charla de familia.
Mañana a estas horas estaré en Madrid.
Mañana a estas horas, todo habrá terminado.
O no. Porque ésto no ha hecho más que empezar.
¡Os quiero!
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La nostalgia te envuelve, el corazón lo tienes un poco compartido Madrid_Dublin, eso es parte de tu vida y nadie podra arrebatartelo.Saborea esos momentos que aún te quedan. Nosotros te esperamos con mucha alegria,nos gustaria que tu sintieses lo mismo de estar de nuevo con nosotros.Muchos besos de estos que tanto te quieren.
ResponderEliminarJodia, me has hechos saltar las lagrimas. Me alegro un montón que durante estos tres meses, hayas crecido humana y profesionalmente. Me alegro que hayas descubierto lo jodio que es buscarse la vida cuando estás fuera de casa y sólo tienes un puñetero telefóno, pero claro no vas estar llamando continuamente. ¿Qué haces?, apretas el culo y sigues adelante. Me alegró por esos colegas de Alcorcón, que ya no van a ser colegas van a ser algo más compañeros de estudios, . Este tipo de situaciones dejan huella, que coño, marca de bisturí que no se quita.
ResponderEliminarEn definitiva me alegro que esto te haya servido para ser mejor persona (de lo que ya eres).
Si ahora miras hacía atrás y piensas en un fría mañana de septiembre tomando un café en la cocina, cuando estabas acojonada por la situación y que no sabías lo que iba a pasar. Aquí tienes la respuesta. EXITO TOTAL.
Ya te puedo dar la bienvenida a los mundos de Willy Fog, ya no me sentiré raro al hablar. Al menos habrá alguien que me entiende.
Enhorabuena, Eva lo has conseguido, y estoy seguro que todo lo que te propongas en un futuro también lo conseguiras.
Nos vemos en Alcorcón.
¡Ains, ains!
ResponderEliminarMe has emocionado con tus palabras, despues de tantos post contando cositas desde las tripas, desde la cabeza, el ultimo tenia que salir del corazon. No quedaba mas remedio.
Veo que tenias que descubrir por ti misma esas cositas que otros veiamos desde fuera. Eso esta bien, ahora a recapitular, a quedarse con lo mejor y a seguir p'alante.
Espero que el viaje de vuelta haya sido bueno y que no hayas tenido problemas con las maletas.
Un besazo.